Todo es como un juego de gorriones

Este ensayo nació formalmente una mañana de enero, no intentaba buscar una solución sobre algo que hasta hoy no supiera su respuesta. Hoy en día, no sé por qué, cuando se defienden principios se nos apunta de soñadores, y soñar es lo único que no cuesta. Los impuestos son premisas de estar despierto pero sin conciencia. (Algunas veces)

Así que comencé este ensaño de la mejor manera que supiera hacerlo al lado de un whisky escoces, y sentado en un café de San Cristóbal de las Casas, al lado de un libanes quien intentaba convencerme de que él era un hombre cabal, y que bajo el influjo de su bourbon, palidecía con la sarta de silogismo que intentaba pronunciar. No intento menospreciar lasbuenas intenciones del libanes, solo intento clarificar más el significado de la palabra que intentamos pronunciar para describir que o quien somos.

Entonces recordé que ”hay dos clases de lealtad, la de los que son leales de corazón al movimiento y los que son leales cuando no les conviene ser desleales. Con ambos hay que contar”1 pero usarse a destiempo. El libanes me pidió que fuera claro, intentando forzarme a descifrar el contenido de las ideas, que hasta ese momento no sabía con exactitud si eran mías, o las había tomado prestadas de algún lado, pero para el caso, ahora en ese momento, esa tarde de enero, eran mi convicción y era el poseedor de una premisa cristalina.

Qué puede pasar entonces, pensé. Mientras atardecía a la luz tranquila del trópico, si volvía a vivir la convicción de mis ideas, y no era que ya no fueran, sino que él libanes me había dado la posibilidad de sentir la magia del agua de las ideas.

Avanzada la noche decidí probar la aventura intelectual. Considere entonces volver a pedir un whisky escoces, y unas aceitunas negras. Mientras el libanes había cambiado su bebida. Y bien, pronuncio él libanes, como es eso de la lealtad al cubo –sonrisa-.

Respire el humo del tabaco de la mesa de a lado, y le dije: ...al final no hay hombres buenos ni malos, más bien todo depende de las circunstancias, aunque para tomar nuestras decisiones es siempre mejor pensar que muchos son malos y mentirosos.

1 Obras Completas Correspondencia Perón – Cooke / John William Cooke, Compilado por Eduardo Luis Duharte, 1ª. ed. Buenos Aires. Colihue, 2007. Pag. 636, Tomo II.

La lealtad de corazón al movimiento, es aquella que no se despedaza por el peso de las circunstancias, es aquella que si falla una arteria buscara siempre continuar con el movimiento, y si se me permite la analogía, es como aquel caballero de las cruzadas que al encontrar un amigo de armadura como tal, deja de lado la espada y camina con la mano extendida, demostrando que el filo de la hoja de la espada solo debe ser mostrada contra los tramposos. Rota pues la lealtad de corazón al movimiento se es un mentiroso. Al terminar esta última palabra, pude ver que el rostro del libanes había cambiado y que su silogismo de cabalidad se había roto.

Así que decidí continuar con la lealtad de aquellos ”que son leales cuando no les conviene ser desleales”2 . Me agradan las aceitunas negras son preciosas y su piel es suave en la boca, mire el plato que estaba vacío, me di cuenta de que el libanes, había estado comiendo conmigo, y que por lealtad me había acompañado degustando las aceitas negras.

Hay hombres que les encanta defeccionar, porque consideran que su condición mejorara al lado de otros que ostentan poderío engañoso, o porque son mercenarios, esos son los leales que hay que usarse con reserva, los judíos3 saben muy bien de ese tema.

A estos hay que colocarlos en situaciones que no le convenga ser desleales, ya que si sienten frio o miedo, (para estos la causa solo es una quimera) necesitarán un peso mucho mayor que ellos para sentir que son algo o alguien.

Así que los leales de corazón al Movimiento, son los primeros que se usan sin reservas, son aquellos que conducen siempre las causas sin referencia a las circunstancias. Cuando termine estas últimas palabras, el libanes se había levantado de la mesa. No era extraño terminar con un whisky escoces en la mano, lo raro era sentirme de nueva cuenta sin sed por mis convicciones y las cartas puestas en un solo número.

JULIÁN HERNÁNDEZ M.
Abogado. Licenciado en física. Actualmente es editor y escritor.

2 Ibíd. pag.1
3 Véase Judas el traidor. El nuevo testamento. La biblia